Los pueblos pesqueros de los Eastfjords

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Lo primero que hicimos fue tomarnos un café en la gasolinera. La mayoría del café que hemos tomado en Islandia es muy bueno, y veces hasta te dan una tacita de cortesía mientras haces el súper.

El plan era una visita rápida a Seydisfjordur, pero justo a la salida nos encontramos a un mochilero pidiendo aventón a la orilla de la calle, y por llevarlo, se nos olvidó nuestro tour por el pueblo.

– ¿A donde vas?

– Al resort de Ski. 

Paul es de Montana, Estados Unidos. Desempleado, quiso cumplir su sueño de conocer las Islas Feroe, y llegó en Ferry a Islandia.

Ferry

– En Feroe nunca sale el sol. Siempre está todo nublado. Me gusta el clima hostil, lluvia, viento, frío.

– ¡Bienvenido! Este es el lugar perfecto para ti.

El refugio estuvo cerrado así que lo dejamos en el centro de información de Egilsstaðir, pasamos a comprar la memory card para la cámara de Arturo y emprendimos el camino hacia el Sureste por la 96.

Mientras descendíamos por la carretera, dejamos la nieve atrás y nos encontramos, como después de tantos días no lo hacíamos, con veredas y montañas desprovistas de nieve.

Mountains

Hoy pasaríamos mucho tiempo en Campersson porque habría que recorre muchos kilómetros. La idea era ir pasando por los pueblos tomando fotos y explorando los lugares más interesantes.

Fáskrúðsfjörður tiene un pequeño puerto industrial, como casi todos los demás pueblos de la municipalidad de Fjarðabyggð:  Eskifjörður, Mjóifjörður, Neskaupstaður, Reyðarfjörður y Stöðvarfjörður. 

– Güey yo ya no puedo con estos nombres.

– A parte los lees con una pinche seguridad como si supieras la pronunciación exacta.

Fáskrúðsfjörður

En el siguiente pueblo, Stöðvarfjörður, fuimos en busca de la famosa casa de Steinasafn Petru, quien tiene una colección de minerales y piedras preciosas; tantas que ya no le caben dentro, y su museo se extiende hasta el jardín de su patio frontal.

– Disculpe. ¿Está abierto?

– No, por la temporada está cerrado.

Subimos por las únicas tres o cuatro calles que componen esta población hasta la casa más alta, y luego bajamos al costado del campo de fútbol para seguir con nuestro camino.

Stöðvarfjörður

El mar a la izquierda, las montañas a la derecha; un panorama que ya se nos ha hecho costumbre desde que empezamos a recorrer las carreteras de Islandia.

A medio camino entre Stöðvarfjörður y Breiðdalsvík, hay una entrada que lleva un pedazo de península. En este lugar hay grandes rocas donde revolotean las aves incesantemente, un pequeño faro anaranjado de muy mal gusto y una granja de techos rojos. 

Farm

Breiðdalsvík lo vimos solo de lejos y seguimos avanzando. A 15 kilómetros de ahí del lado derecho, Arturo vio una cascada que brotaba de un alto peñasco.

– Te voy a regalar una foto. Me dijo. Y empezó a escalar un cerro de piedras sueltas hasta llegar al punto más alto de la cascada. Fue en ese momento que lo entendí todo.

Breiðdalsvík

Le tomé muchísimas fotos, no sé cuántas, perdí la cuenta (benditas sean las cámaras digitales) y después lo alcancé en la cima. El viento frío pesaba en los pulmones, y era difícil respirar. Un riachuelo congelado que por ahí pasaba nos guió hacia un grupo de estalactitas de hielo, que nosotros hicimos colapsar lanzándoles piedras en un acto de auténtico vandalismo ecológico (fue algo así como huevear la casa del niño que te caía mal en la secundaria).

De regreso a Campersson no nos detuvimos hasta llegar a Djúpivogur. A este punto teníamos hambre, y queríamos probar alguna de las bondades gastronómicas de la zona, que al ser pueblos pesqueros, tendría que ser pescado, o algún tipo de marisco o crustáceo.

– Unos camarones enchipotlados.

– Dudo mucho que haya de esos.

Djúpivogur

El Hotel local Framtid tiene un restaurante un tanto lujoso. Estábamos dispuestos a pagarlo, pero al parecer, ese día a esa hora, solo estaba sirviendo café porque la cocina estaba cerrada. ¡Qué estupidez! 

En fin, a 50 kilómetros de Höfn, nuestra meta del día, encontramos un lugar que parecía la superficie lunar, justo enfrente de una playa, Nos orillamos y sacamos a Willy. Arturo lo piloteaba como siempre, pero esta vez se detuvo mucho antes de agotar la batería del drone.

– ¿Qué pasó?

– Es que ya no siento los pulgares por el frío. Ya no puede controlarlo.

Corrimos hasta Campersson y prendimos la calefacción. La mantuvimos encendida por un pocos kilómetros hasta que nos detuvimos nuevamente. Esta vez fue en una playa muy especial.

beach

En lugar de arena, toda la superficie estaba compuesta por piedras de diferentes tamaños, la mayoría negras y perfectamente lisas y ovaladas, otras con formas no tan geométricas y de distintos colores, verde, naranja, café. Era como caminar sobre una constelación de millones de estrellas. Aquí estuvimos media hora recolectando piedritas, mientras esquivábamos las olas que mientras más pasaba el tiempo, más aumentaban su tamaño. 

Beach Stones

Finalmente logramos llegar a Höfn, y nos fuimos directamente al restaurante Humarhöfnin por una baguette de langostino, la especialidad de este pueblo.

– Esto está absolutamente delicioso. 

– Ve apuntando los platillos que vamos a introducir en México ahora que regresemos.

Humarhöfnin

Para pasar la noche decidimos quedarnos a las afueras de Höfn, cerca de la playa. Nos instalamos, al mismo tiempo que contemplábamos uno de los atardeceres más espectaculares -y duraderos- que yo haya visto (aquí tardan una eternidad en completarse, por lo menos en esta época del año). 

Höfn

-3º C. Cielo despejado. Sin luces artificiales. Auroras boreales, es ahora o nunca.

English Version

First thing we did was to have coffee at the gas station. Most of the coffee we’ve had in Iceland is pretty good, and they even offer some for free while you’re shopping.

The plan was to drive a bit around Seydisfjordur to take a look around and some pictures, but we found a guy asking for a ride and we started talking to him and forgot about that.

  • Where you headin’?
  • The ski resort up the mountain.

Paul is from Montana. He’s been laid off for a couple months so he decided to set sail towards Feroe Islands and came on a ferry to Iceland this morning.

Ferry

– In Feroe there’s barely any sun, it’s always cloudy. I kinda like that rough weather. Rain, wind, very cold.

– Well, this is the perfect place for you, welcome!

The ski resort was closed, so we took him with us to Egilsstaðir and drop him off at the information centre. We bought Arturo’s memory card and headed south on 96.

The more we drove the more we left the snowy landscapes behind us. We started seeing snowless mountains for the first time in several days.

Mountains

Today we spent quite a while on Campersson, there was plenty of driving to do. The idea was to drive by the small towns and just explore a bit in each one of them.

Fáskrúðsfjörður has a little industrial harbour, like almost all of the towns in the Fjarðabyggð region: Eskifjörður, Mjóifjörður, Neskaupstaður, Reyðarfjörður y Stöðvarfjörður.

– I can’t with these names, really.

– And on top you read them like you actually know how to pronounce them.

Fáskrúðsfjörður

In the next town, Stöðvarfjörður, we went looking for the famous little house of Steinasafn Petru, who has a huge collection of all kinds of minerals and precious stones. There’s so many of them they even have to be on shelves outside in her front yard.

– Excuse me, is it open?

– No, closed for the season.

We went up the only three streets in the town and then back down to a soccer field to continue our route.

Stöðvarfjörður

The sea on our left, mountains on our right. An all-too-familiar scenery since we’ve been in Iceland.

Halfway between Stöðvarfjörður and Breiðdalsvík, there’s a path to a miniature peninsula, with huge rocks where birds nest and make noise like crazy. There’s also a lighthouse that’s kinda tacky and a typical farm with red rooftops.

Farm

We didn’t even bother stopping at Breiðdalsvík. A few minutes later, Arturo spotted a waterfall almost hidden behind the rocks.

I have a present for you, he said to me, Then he started walking all the way up to the highest part of the waterfall, and then I understood.

Breiðdalsvík

I took like a million pictures of him standing there, I don’t even know how many (hooray digital cameras) and then I walked up too. The cold wind felt really heavy in the lungs, it was hard to breathe. A frozen little creek making its way down led us to a group of ice stalactites, that we broke and threw rocks at, during an act of pure ecological vandalism (like throwing eggs at the house of the kid you didn’t like in junior high).

Back in Campersson we only stopped when we got to Djúpivogur. At this point we were kinda hungry and wanted to try something local, cause harbour town means seafood, and we love that.

– Some shrimp with chipotle.

– I seriously doubt they have those here.

Djúpivogur

The local hotel Framed has a fancy little restaurant. We were willing to pay, but apparently they were, for some reason, only serving coffee. What nonsense!

50 kilometres outside of Höfn, our goal for the day, we found a moon-looking place right by the beach, so we stopped and got Willy out. Arturo flew it, as usual, but this time he stopped way before the battery was gone.

– What happened?

– I’m sorry, but I can’t feel my thumbs anymore because of the cold, I can’t control the thing.

We ran back to Campersson and turned on the heat. We kept it on for a few kilometres until we got to what became a very special beach.

beach

Instead of sand, there was just tiny rocks of all kinds. Most of them were black, round and incredibly smooth. Some others with different shapes and colours, like green, orange or brown. It was like walking on a constellation of millions of stars. There we spent quite a while picking up rocks and running away from the waves, that turned stronger as the tide went up.

Beach Stones

We made it to Höfn and immediately went to Humarhöfnin restaurant, where we could get a langoustine sandwich, a specialty of these parts.

– This is so frigging good.

– Let’s start making a list of the food we have to introduce to Mexico when we go back.

Humarhöfnin

To spend the night we chose to stay outside of Höfn, near the beach. We were setting up and at the same time taking pictures of one of the most beautiful and long sunset I’ve seen in my life (here sunsets last for quite a while, at least during the winter).

Höfn

-3 degrees celsius, no artificial light around us. Come on northern lights, is now or never.

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