Las cascadas de Seljalandsfoss y el avión abandonado

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Alarma a las 7.30. Los pronósticos habían anunciado una nevada inevitable que nunca llegó. Sin embargo había una lluvia molesta y unos vientos superiores a 5 metros por segundo. El plan de volar a Willy el drone sobre las cascadas de Gullfoss resultó impracticable.

Campersson

La prioridad del día era encontrar unas albercas públicas para poder bañarnos y sumergir el cuerpo en aguas termales. En México somos bastante estrictos con una ducha diaria, aunque aquí nos vimos obligados a reducirla a una frecuencia de cada dos días.

Tomamos toda la 30 con dirección sur y nos detuvimos en la primera opción: Secret Lagoon en Flúðir. El problema es que abrían hasta las 2 pm y eran apenas las 11.30 así que continuamos hasta girar a la izquierda en la Ruta 1. 

– Primo, no te quiero asustar, pero ya estamos en reserva de gasolina y es muy probable que nos quedemos varados.

Yo fingí despreocupación, aunque debo admitir que por dentro, en esos 40 kilómetros hasta la gasolinera, me encomendé a Dios, a la Virgen, y hasta a Thor, mientras Arturo disfrutaba cruelmente la dosis de adrenalina secretada por la incertidumbre.

Llenamos medio tanque (calculamos gastar un cuarto por día) y nos dirigimos a las albercas públicas Vallarbraut en el diminuto pueblo de Hvolsvöllur. Pagamos 100 kronas cada uno y pasamos a los vestidores.

Antes de pasar a las albercas es obligatorio (como debiera ser en todo el mundo) lavarse la cabeza, las axilas y la entrepierna, y una vez higienizado, se permite el acceso a las albercas que van desde los 31 grados Celsius hasta los 42.

Albercas Públicas

Estuvimos unos 20 minutos sumergidos en la gloria, es increíble lo maravilloso que es el contraste del calor absoluto con los fríos 5 grados del aire, y rodeado de montañas de hielo.

– Como que empieza a oler rico, como a estofado.

– Ni una sopa mexicana de carne jajaja. Ya salgámonos.

Después de un baño a conciencia, nos vestimos y seguimos por la Ruta 1 hasta las cascadas de Seljalandsfoss. 

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Como ya es habitual había una manada numerosa de turistas, así que nos alejamos sobre un camino de piedra, para ver otras caídas alternativas de agua, y las aves salvajes que revoloteaban entre los peñascos y sus nidos.

Seljalandsfoss 02

– A veces desearía que estas cosas no hubiesen sido descubiertas por el hombre y se mantuvieran secretas.

Es oportuno utilizar impermeable o llevar un paraguas para proteger la ropa y la cámara, pues las gotas de agua vuelan largas distancias, como una llovizna, propulsadas por el viento. 

Seljalandsfoss 03

Intentamos ayudarle a un señor que había atascado su camioneta en el lodo, pero lo único que logramos fue moverla dos centímetros y ensuciar mi sudadera de tierra. 

Partimos de ahí rumbo a Vik cuando nos percatamos que el iPhone de Arturo decidió morir. El pretexto perfecto para detenernos en un restaurante, Gamla fjósið, donde todos los productos eran de su propia granja y totalmente orgánicos (eso normalmente quiere decir más caros).

Dos Eldfjallasúpa, o sopa volcán, con carne de res y varias verduras (algo cara, pero es de refill), una Islenskur Úrvals Pils (orgánica también), agua de la llave y dos cafés. 

Gamla fjósið

Durante poco más de una hora intentamos revivir el iPhone y al final nos vimos obligados a resetearlo.  Perdimos algo de tiempo importante por culpa de Apple, pero no importa, son de las calamidades que uno tiene que enfrentar y superar en este tipo de viajes.

Avanzamos nuevamente unos kilómetros hasta la entrada a la playa Solheimasandur, donde se encuentra el famosísimo avión estrellado, y entonces estacionamos a Campersson.

Los propietarios del terreno han  prohibido recientemente el acceso con auto, así que hay que caminar 4 kilómetros (ida y vuelta) que corresponden aproximadamente a 2 horas de marcha ininterrumpida.

Caminamos sobre una arena obscura, en una superficie que parecía más bien de otro planeta, y nadie nos acompañaba en nuestra odisea; solo veíamos gente volver en sentido contrario.

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– How is it mate? Is it worth it? Le preguntamos a alguien que volvía al estacionamiento.

– Absolutely. It is very impressive.

Como un Oasis desértico vimos la silueta del avión a lo lejos, y detrás de él, el imponente mar. Al llegar había solo una pareja de asiáticos y dos fotógrafos profesionales con sus tripiés, que le daban vueltas al avión como dos paleontólogos estudiando los restos de un antiguo dinosaurio.

Solheimasandur 01

Después de tomar varias fotos también, comenzamos el camino de regreso, con un atardecer eterno que nos acompañó por varias horas, y una luna casi llena de fondo. 

Solheimasandur 03

Para acabar la jornada, llegamos a Vik y anclamos a Campersson enfrente de la iglesia Vikurkirkja, con una vista panorámica del resto del pueblo, y del mar. 

Mañana muy temprano intentaremos volar a Willy el Drone en la la pequeña península de Dyrhólaey a 19 km de aquí.

English Version

7:30am alarm. The forecast said there’d be some snow in the morning, but never came. Nevertheless, there was that annoying kind of rain and some wind. The plan of flying Willy turned out to be very impractical.

Campersson

First order of the day was to find some public pool to shower and do a little hot tub. In Mexico we’re very strict with our daily shower, sometimes we even take two, but here we’ve been doing it every other day.

We took the 30 back south and stopped at our first option: Secret Lagoon in Flúðir. Problema was they didn’t open until 2pm, and it was only 11:30, so we kept on going and turned left on 1.

  • So… I don’t mean to scare you, but we already hit the fuel reserve and there’s a bit of a chance we might run out.

I tried to look chilled, but deep inside, during those 40 kilometres to the next gas station, I asked Baby Jesus, Virgin Mary and even Thor to help us, while Arturo enjoyed a bit the adrenaline dose the situation called for.

We made it, filled up half a tank and headed to the next pool, Vallarbraut, in a little town called Hvolsvöllur. We payed 100 ISK each and hit the changing rooms.

Albercas Públicas

It is mandatory before getting in the pool, as it should be everywhere else in the world, to wash at least head, armpits and crutch. Once clean you can pick the pool/tub you want, from 31 to 42 Celsius.

We were soaking there like wet dogs for about 20 minutes, thinking about the contrast of the water temperature and the weather outside, surrounded by mountains covered in snow and ice.

– It starting to smell great. Like stew.

– Mexican soup. Let’s bounce.

After a two-days-worth shower we got ready and headed down the coast towards Seljalandsfoss waterfalls.

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As usual, there were hordes of tourists, so we went down the stone path to see other falls, maybe not as big as the main one, but also beautiful, with seagulls flying around and nesting in the holes of the rock wall.

Seljalandsfoss 02

– Sometimes I wish all this was never found by people and remained intact.

It’s definitely a good idea to bring with you some kind of raincoat or a nice waterproof cover for you and your camera, cause water tends to splash far away from the fall.

Seljalandsfoss 03

We tried helping a driver who got stuck in the mud, but we only managed to move the van an inch and get my sweater dirty.

We then continued our way to Vik but realised Arturo’s phone decided to suddenly die and we needed some wifi to bring it back to life, so we stopped at a farm with a restaurant, Gamla fjósið, that used mostly products from there, which normally means expensive food.

Two Eldfjallasúpa, or Volcano Soup, made of meat and veggies (somewhat pricy, but with refill), a Islenskur Úrvals Pils, also organic, some tap water and two coffees.

Gamla fjósið

We tried fixing the phone for over an hour until we decided that restoring the content and settings was the only way that would happen. We lost time thanks to Apple, but this is the sort of calamity that you just need to get over and done, no matter where you are.

In a matter of minutes we were at the turn for Solheimasandur beach, the one with the very famous airplane wreck, so we parked Campersson and started walking.

The owners of the land have decided to not let cars in, so everyone has to go by foot for 4 kilometres (there and back), so a good couple hours of uninterrupted walk.

The way was black sand and stones all around, more like an unearthly place, and we were the only ones walking towards it, while everyone else was coming back.

Processed with VSCOcam with c7 preset

– How is it mate? Is it worth it? We asked someone walking back.

– Absolutely, it is very impressive.

Like an oasis in the middle of the desert, we spotted the plane, and behind it, the sea. When we made it there were only a couple asians and two other people with fancy photo equipment, walking around the thing like anthropologists looking carefully at the bones of an ancient dinosaur.

Solheimasandur 01

After taking some pictures ourselves, we walked back with a seamlessly never-ending sunset and an almost full moon all at once.

Solheimasandur 03

Later, in Vik, we parked Campersson next to Vikurkirkja church on top of a hill, overseeing the sea and the rest of the place.

Tomorrow we’ll try and fly Willy the drone at the small Dyrhólaey peninsula, 19 kilometres from here.

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